Comparte el artículo Haití y el proyecto HAARP: No estoy 100% seguro de nada de lo que publico en esta entrada sobre el proyecto HAARP, pero por si acaso fuese verdad, lo ...

Aquella información debió impresionar al científico Nick Begich, quien junto a la periodista Jeanne Manning se puso inmediatamente manos a la
obra para realizar una profunda investigación al respecto. Fruto de la misma vio la luz el libro "Angels don't play this harp" (Los ángeles no tocan esta arpa), en el que ambos autores
plantean inquietantes hipótesis. Una de ellas, por ejemplo, es que de ponerse en marcha, el proyecto Haarp podría tener peores consecuencias para nuestro planeta que las pruebas
nucleares.
Laberinto de Intereses
Begich y Manning están convencidos de que a través del proyecto Haarp se estaría enviando hacia la ionosfera un haz de partículas
electromagnéticas orientadas y enfocadas que estarían contribuyendo a su calentamiento.
La versión oficial es, sin embargo, bien distinta. Según ésta, el Haarp es una investigación académica cuyo objetivo es cambiar las condiciones
de la ionosfera con el fin de obtener mejoras en las comunicaciones mundiales. No obstante, después de haber estudiado determinados documentos militares norteamericanos, Begich y Manning
aseguran que el objetivo es muy distinto: la explotación de la ionosfera con fines meramente militares.
Para evitar la oposición de la opinión publica al proyecto, los militares han jugado otra vez una carta que les suele dar muy buenos
resultados: la de la prensa. Así, no resulta raro leer en los periódicos norteamericanos que el Haarp no es esencialmente distintos de otros calentadores ionosféricos que ya funcionan en
diferentes partes del mundo, como Arecibo, Puerto Rico, Noruega o la antigua Unión Soviética.
Pero mientras la polémica prosigue, también lo hacen las investigaciones por parte de los organismos más interesados en que este proyecto salga
adelante: el Ministerio de Defensa de Estados Unidos y la Universidad de Alaska. No podemos olvidar que con la puesta en marcha del mismo, los militares conseguirían un escudo defensivo
relativamente barato, mientras que la universidad se apuntaría un tanto relativo a la manipulación geofísica más atrevida que ha tenido lugar desde las explosiones de bombas nucleares en la
atmósfera.
Tras realizar una serie de pruebas con "éxito", Alaska conseguiría no solo ser el escenario de los grandes proyectos militares del futuro, sino
también un enorme mercado para sus reservas de gas natural.
La versión oficial o engañando a la Opinión Pública
Begich y Manning cuentan en su libro que los poderes militares de Estados Unidos engañan intencionadamente al público mediante sofisticados
juegos de palabras y una desinformación exagerada.
El Proyecto Haarp ha sido presentado a la opinión pública como un programa de investigación científica y académica. Los documentos militares
estadounidenses parecen sugerir, sin embargo, que el objetivo principal de Haarp es "explotar la ionosfera para propósitos del Departamento de Defensa." Sin referirse explícitamente al
programa Haarp, un estudio de la Fuerza Aérea de los EE.UU. menciona el uso de "modificaciones ionosféricas inducidas" como un medio de alterar los modelos climáticos así como trastornar las
comunicaciones y el radar del enemigo.
De acuerdo con la Dra. Rosalie Bertell, Haarp forma parte de un sistema integrado de armamentos, que tiene consecuencias ecológicas
potencialmente devastadoras.
"Se relaciona con cincuenta años de programas intensos y crecientemente destructivos para comprender y controlar la atmósfera superior. Sería
precipitado no asociar Haarp con la construcción del laboratorio espacial que está siendo planeado separadamente por los Estados Unidos. Haarp es parte integral de una larga historia de
investigación y desarrollo espacial de naturaleza militar deliberada. Las implicaciones militares de la combinación de estos proyectos son alarmantes... La capacidad de la combinación Haarp /
Spacelab / cohete espacial de producir cantidades muy grandes de energía, comparable a una bomba atómica, en cualquier parte de la tierra por medio de haces de láser y partículas, es
aterradora. El proyecto será probablemente "vendido" al público como un escudo espacial contra la entrada de armas al territorio nacional o, para los más ingenuos, como un sistema para
reparar la capa de ozono".
Fuera de la manipulación climática, Haarp tiene una serie de otros usos relacionados: "Haarp podría contribuir a cambiar el clima bombardeando
intensivamente la atmósfera con rayos de alta frecuencia. Convirtiendo las ondas de baja frecuencia en alta intensidad podría también afectar a los cerebros humanos, y no se puede excluir que
tenga efectos tectónicos".
En forma más general, Haarp tiene la capacidad de modificar el campo electromagnético de la tierra. Es parte de un arsenal de "armas
electrónicas" que los investigadores militares de los EE.UU. consideran una "guerra más suave y bondadosa".
Según la versión oficial, las posibilidades del sistema Haarp son muchas. Por ejemplo, dotar a los militares de una herramienta capaz de
sustituir el efecto del impulso electromagnético de las bombas nucleares explosionadas en la atmósfera. Asimismo, contribuiría a reemplazar el sistema de comunicaciones con submarinos de muy
baja frecuencia por una tecnología más eficaz, a crear un nuevo sistema de radar "mas allá del horizonte", o a eliminar las comunicaciones en un área muy extensa sin afectar a las de los
propios interesados. El Haarp sería también (siempre según la versión oficial) una herramienta eficaz de disuasión que obligaría a revisar buena parte de los acuerdos de paz y
no-proliferación de armas nucleares, así como un medio ideal para la prospección de yacimientos de petróleo, gas natural y minerales.
Y, entre otras cosas, supondría también un instrumento válido para detectar posibles ataques de aviones o misiles en vuelo bajo (lo cual
resulta aún difícil con los radares convencionales).
Desde luego, estas utilidades parecen interesantes sobre la base de políticas de defensa nacional que, además, resultarían muy baratas. Sin
embargo, el proyecto tiene "otra cara" muy peligrosa, y es precisamente ésta la que Begich y Manning describen en su libro con el fin de darla a conocer a la opinión pública para que ésta
reaccione en contra de la puesta en marcha del proyecto Haarp.
Peligro inminente
Parece ser que son doce las patentes que forman la médula espinal del proyecto Haarp. Una de ellas, la número 4.686.605, del físico texano
Bernard Eastlund, que hace referencia a un "método y un equipo para cambiar una región de la atmósfera, ionosfera y/o magnetósfera", estuvo clasificada por orden expresa del gobierno durante
todo un año. En realidad, el calentador ionosférico de Eastlund es diferente a otros conocidos hasta la fecha: la radiación de radiofrecuencias (RF) se concentra y enfoca en un punto de la
ionosfera, consiguiendo proyectar una cantidad de energía sin precedentes, que puede alcanzar hasta los 10 gigavatios. La enorme diferencia de potencial generada (dicen Begich y Manning)
podría cambiar e incluso desplazar la ionósfera, provocando un caos total en las comunicaciones de la tierra, tanto terrestres como marítimas. Así como destruir misiles o aviones, cambiar las
condiciones atmosféricas al modificar la absorción de los rayos solares y aumentar las concentraciones de ozono, nitrógeno e incluso afectar negativamente al cerebro.
Sin embargo, éstas no son las implicaciones más peligrosas del Haarp. Hay otras muchas mas graves todavía.
En este sentido, Begich afirma que, con relación al proyecto, existe un informe sobre el desarrollo de un sistema capaz de manipular y
trastornar los procesos mentales humanos mediante la radiación pulsada de frecuencias de radio sobre extensas zonas geográficas. El material más completo sobre esta tecnología se encuentra en
los escritos de Zbigniew Brzezinski, ex Consejero de Seguridad Nacional con el presidente Carter y con J.F. Mac Donald, consejero científico del presidente Johnson. En ellos se informa sobre
el uso de los transmisores de energía para la guerra física y medio-ambiental, y sobre como pueden afectar negativamente a la salud y el pensamiento humano. Otro de los documentos
descubiertos por Begich pertenece a la Cruz Roja Internacional, y en él, este organismo advierte de los efectos perniciosos de la energía radiada. Incluso deja constancia de las bandas de
frecuencia que generan estos efectos, que (¿casualmente?) ¡se corresponde con las gamas que puede transmitir el Haarp!
¿Un programa de control social?
En 1970 Zbigniew Brzezinski avisaba sobre la aparición de una sociedad controlada por la tecnología y dirigida por una elite capaz de influir
en los votantes gracias a la superioridad de sus conocimientos científicos.
En su libro, Begich retoma esta idea cuando asegura que, sin los obstáculos presentados por los valores liberales tradicionales, ésta no
dudaría en utilizar incluso técnicas capaces de influir en el comportamiento de la gente para afianzar su poder. Pues bien, para algunos este futuro "orwelliano" podría estar acercándose (si
es que no está aquí ya) peligrosamente.
De acuerdo con un documento donde se explican las posibles aplicaciones de los campos electromagnéticos artificiales en situaciones
cuasi-militares, Begich asegura que este tipo de técnicas de control, al igual que los sistemas de seguridad de las bases militares o los métodos anti-persona utilizados en las guerras
tácticas, entrarían dentro del amplio radio de acción del Proyecto Haarp. Es mas, según él, los sistemas electromagnéticos podrían ser empleados incluso para provocar trastornos fisiológicos
de importancia moderada o grave, tales como distorsiones perceptibles y/o desorientación, y hasta para estimular las capacidades paranormales de determinados individuos.
Al parecer, el documento citado explica también otra "ventaja" de estas técnicas tan silenciosas como difíciles de neutralizar: su extensa
cobertura mediante un solo sistema. Finalmente, Begich se pregunta si este impactante documento hace referencia a un proyecto ya en marcha y prevé la posibilidad de que se trate del Haarp,
puesto que es el transmisor de frecuencias de radio más potente del mundo.
Y otro dato muy significativo. Resulta que, según el gobierno de Estados Unidos, uno de los usos del Haarp es su capacidad para localizar
yacimientos minerales, silos subterráneos de misiles y túneles, una faceta del proyecto a la que en 1996 el Senado destinó nada menos que 15 millones de dólares. La cuestión es que la
frecuencia necesaria para que las radiaciones penetren en la Tierra queda dentro de la banda más asociada con los trastornos de las funciones mentales humanas y, paralelamente, también puede
tener efectos negativos sobre las rutas de migración de aves y peces, que siguen sus trayectos dependiendo de campos de energía hasta ahora no alterados.
La manipulación del clima
Por si fuera poco, a la posible manipulación de las mentes humanas y las modificaciones en la ionosfera habría que sumar nuevos efectos
negativos. El propio creador del calentador ionosférico del proyecto Haarp, Bernard Eastlund, asegura que su invento podría, también, controlar el clima. Una afirmación que ha llevado a
Begich a concluir que si el Haarp operase al cien por cien podría crear anomalías climatológicas sobre ambos hemisferios terrestres, siguiendo la teoría de la resonancia tan empleada por el
genial Nikola Tesla en sus inventos. Un cambio climatológico en un hemisferio desencadenaría otro cambio en el otro hemisferio. Una posibilidad que no se debe descartar, sobre todo a tenor de
las opiniones de científicos de le Universidad de Stanford, que aseguran que el clima mundial podría ser controlado mediante la transmisión de señales de radio relativamente pequeñas, a los
cinturones de Van Allen. Por resonancia, pequeñas señales activadoras pueden controlar energías enormes.
En este libro Begich se pregunta si estos conocimientos van a ser empleados con fines bélicos o pacíficos, pues, según explica, hay precedentes
de lo segundo precisamente durante la Guerra de Vietnam. Así, dice, el Departamento de Defensa estadounidense habría llegado a manipular relámpagos y huracanes a través de dos proyectos: el
Skyfire (fuego del cielo) y el Stormfury (furia de la tormenta) en los que también se habría estado trabajando para producir efectos a gran escala a partir de pequeñas fuentes
activadoras.
Y, en efecto, es mas que posible que las afirmaciones de Begich no sean tan descabelladas como pudiera parecer al principio. No en vano, unos
años antes, en 1958, el capitán T. Orville (consejero principal de la Casa Blanca y encargado de los estudios sobre cambio climático) admitió que el Departamento de Defensa estaba
investigando "métodos para manipular las cargas de la Tierra y el cielo con la intención de producir cambios en el clima" por medio de un haz electrónico que ionizaría o desionizaría la
atmósfera sobre una zona determinada.
Después, en 1966, el profesor Gordon Mac Donald (miembro del comité científico del presidente) realizaría un comentario preocupante: "la clave
de la guerra geofísica está en identificar la inestabilidad ambiental que, sumada a una pequeña cantidad de energía, liberaría cantidades ingentes de la misma ". Y en su libro futurista "A
menos que la paz llegue" Mac Donald incluiría un capítulo titulado "Como destrozar el medio ambiente", en el que describe los usos de la manipulación climática, modificación del clima,
desestabilización o derretimiento de los casquetes polares, técnicas para reducir el ozono, ingeniería de terremotos, control de las olas oceánicas y manipulación de las ondas cerebrales
desde campos energéticos terrestres. Decía que este tipo de arma iba a ser desarrollada y una vez puesta en marcha, sería prácticamente imposible de ser detectada por sus víctimas. ¿Se
estaría refiriendo ya al Proyecto Haarp?.
Científicos contra el Haarp
El gran peligro del proyecto Haarp es que se desconocen las consecuencias que supondría enviar tanto energía hacia la ionosfera. La doctora
estadounidense Elizabeth Rauscher afirma que el Haarp pretende "bombear" cantidades ingentes de energía hacia una configuración molecular sumamente delicada que compone las capas de lo que
llamamos ionosfera, y advierte de la vulnerabilidad de estas capas a las reacciones catalíticas, ya que un cambio pequeño podría desencadenar uno mucho mayor y de consecuencias desconocidas.
Rauscher describe la ionosfera como una burbuja de jabón que rodea a la atmósfera de la Tierra con movimientos espirales en su superficie. Si se hace un agujero lo suficientemente grande,
dice, podría "reventar" dejándonos sin el escudo protector contra los rayos cósmicos. Por su parte, Bárbara Zickhur, miembro de la Liga anti-Haarp, compara a los científicos y militares que
están detrás del proyecto con "niños que juegan con un palo afilado tratando de despertar a un oso dormido", solo para ver que podría pasar...
Otro investigador, Paul Schaefer, de Kansas City, ingeniero electrónico y constructor de armas nucleares habla en el libro "Los ángeles no
tocan esta arpa" de los desequilibrios provocados durante la era industrial y atómica, especialmente aquellos causados por la irradiación a la atmósfera de gran cantidad de partículas
diminutas de alta velocidad. Schaefer sostiene que la velocidad antinatural del movimiento de partículas de alta energía en la atmósfera y las bandas de radiación que rodean a la Tierra son
la causa de los trastornos del clima.
Según el modelo propuesto por este científico, mediante los terremotos y la actividad volcánica desaforada, la Tierra estaría descargando su
calor acumulado aliviando su presión y tratando de recuperar el equilibrio perdido. Schaefer es terminante al afirmar que, si se quiere preservar al planeta, debe cesar la producción de
partículas inestables que lo están enfermando.
Habría que empezar, asegura, por cerrar todas las centrales nucleares del mundo y terminar con todas las pruebas atómicas, las guerras atómicas
y cualquier iniciativa relacionada con la llamada "Guerra De Las Galaxias". Además, por supuesto, de no poner en marcha el controvertido proyecto Haarp.
Por todo ello, los autores de "Los ángeles no tocan esta arpa" lideran una campaña para salvaguardar la ionosfera. Además, pretenden exigir la
transparencia de los secretos militares y protestar contra todo tipo de experimento que atente directamente contra la supervivencia de la humanidad.
El importante debate sobre el calentamiento global bajo los auspicios de la O.N.U. no da más que una visión parcial del cambio climático. Fuera
de los impactos devastadores de las emisiones de gases de efecto invernadero sobre la capa de ozono, el clima del mundo puede ahora ser modificado como parte de una nueva generación de
sofisticadas "armas no letales." Tanto los estadounidenses como los rusos han desarrollado la capacidad de manipular el clima del mundo.
La evidencia científica reciente sugiere que el Haarp está en funcionamiento y que tiene la capacidad potencial de desencadenar inundaciones,
sequías, huracanes y terremotos. Desde un punto de vista militar, Haarp es un arma de destrucción masiva. Potencialmente, constituye un instrumento de conquista capaz de desestabilizar
selectivamente los sistemas agrícolas y ecológicos de regiones enteras.
Armas de Nuevo Orden mundial (NWO)
El Proyecto Haarp forma parte del arsenal de armas del Nuevo Orden Mundial bajo la Iniciativa de Defensa Estratégica (SDI). Desde puntos de
comando militar en los EE.UU., se podría potencialmente desestabilizar economías nacionales completas a través de manipulaciones climáticas. Lo que es más importante, esto puede ser
implementado sin que el enemigo tenga conocimiento de ello, a un costo mínimo y sin comprometer a personal o equipo militar como ocurre en una guerra convencional.
Muchas personas no comprenden como Haarp está subvencionado y promovido por el ejército. ¿Acaso no sería esta una arma biológica insuperable
capaz de producir temporales o sequías sobre diversos territorios elegidos?
El uso de Haarp (si fuera aplicado) podría tener impactos potencialmente devastadores en el clima del mundo. Respondiendo a los intereses
económicos y estratégicos de los EE.UU., podría ser utilizado para modificar selectivamente el clima en diferentes partes del mundo, lo que resultaría en la desestabilización de sistemas
agrícolas y ecológicos.
También vale la pena señalar que el Departamento de Defensa de los EE.UU. ha destinado recursos substanciales al desarrollo de sistemas de
inteligencia y monitoreo de los cambios climáticos. La NASA y la Agencia de Imaginería y de Mapas del Departamento de Defensa (NIMA, su sigla en inglés) trabajan en "imaginería para estudios
de inundaciones, erosión, peligros de deslizamientos de tierras, terremotos, zonas ecológicas, pronósticos del tiempo, y cambios climáticos" con información transmitida por satélites.
En funcionamiento
Aunque no hay evidencia concreta de que Haarp haya sido utilizado, las conclusiones científicas sugieren que está en condiciones de pleno
funcionamiento en la actualidad. Lo que significa que Haarp podría ser utilizado potencialmente por los militares de los EE.UU. para modificar selectivamente el clima de una "nación
inamistosa" o de un "estado delincuente" a fin de desestabilizar su economía nacional.
Los sistemas agrícolas tanto en los países desarrollados como en vía de desarrollo ya están en crisis como resultado de las políticas del Nuevo
Orden Mundial que incluyen la desregulación de los mercados y el dumping de las materias primas. Se ha documentado ampliamente que la "medicina económica" impuesta al Tercer Mundo y a los
países del antiguo bloque soviético por el FMI y el Banco Mundial, ha contribuido en gran parte a la desestabilización de la agricultura nacional. A su vez, las provisiones de la Organización
Mundial de Comercio (OMC) han apoyado los intereses del puñado de conglomerados agro-biotécnicos occidentales en su intención de imponer semillas genéticamente modificadas (GMO) a los
agricultores en todo el mundo.
Es importante comprender el lazo entre los procesos económicos, estratégicos y militares del Nuevo Orden Mundial. En este contexto, las
manipulaciones climáticas bajo el programa Haarp (accidentales o deliberadas) exacerbarían inevitablemente estos cambios al debilitar a las economías nacionales, destruyendo la
infraestructura y provocando potencialmente la bancarrota de los agricultores en vastas áreas.
Sin duda los gobiernos nacionales y las Naciones Unidas deberían considerar las posibles consecuencias del Proyecto Haarp y de otras "armas
no-letales" sobre el cambio del clima que pueden llevar a la extinción de cierta parte de la humanidad.
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